Selección de embriones con finalidad terapéutica

Collazo Chao E.  (2010) refiere que el diagnóstico preimplantatorio es una técnica que permite analizar embriones obtenidos por fecundación in vitro, con el objeto de no implantar aquellos que puedan estar afectados por una mutación, o una anormalidad cromosómica, que pueda derivar en una enfermedad.

Se trata de un control de calidad genético, tras el cual se determina si el embrión humano se considera apropiado para su implantación.

Un aspecto ya adquirido con las pri­merísimas fases del desarrollo es el de la autonomía del nuevo ser en el proceso de auto duplicación del material genético2. La activación del genoma embrionario es un proceso gradual. En el embrión unicelular humano ya son activos siete genes; otros se expresan en el paso de la fase de cigoto a la de dos células

Se puede afirmar que el embrión hu­mano en la fase de la preimplantación es: a) un ser de la especie humana; b) un ser individual; c) un ser con la finalidad de desarrollarse en cuanto persona y con la capacidad intrínseca de realizar ese desarrollo.

El momento que marca el inicio de la existencia de un nuevo ser humano está constituido por la penetración del esper­matozoide en el oocito1. La fecundación impulsa toda una serie de acontecimien­tos articulados y transforma la célula huevo en cigoto.

En España El Artículo 24.1 del CEDM (Código de Ética y Deontología Médica) ordena: Al ser humano embriofetal enfermo se le debe tratar de acuerdo con las mismas directrices éticas, incluido el consenti­miento informado de los progenitores, que se aplican a los demás pacientes.”

Un embrión humano no debe ser uti­lizado para un fin que no sea su propio bien.

Los bebés-medicamento se producen para ser utilizados como material biológico específicamente destinado a tratar a otro niño enfermo, en este caso, su hermano.

Este concepto de niño producido “para algo” no parece compatible con la dignidad del ser humano, que siempre debe ser concebido como “alguien”, directamente querido por sus padres, es decir, conce­bido pensado únicamente en su propio bien.

Un aspecto éticamente muy negativo de la producción de los bebés-medicamento es que, para obtenerlos, ineludiblemente, hay que destruir un elevado número de vidas humanas de embriones, circunstancia que también se dio en el primer bebé-medica­mento que nació en España, aunque fue producido en el Instituto de Medicina Reproductiva de Chicago, en total se destruyeron 38 embriones para conseguir el deseado bebé, algo que éticamente no parece fácilmente justificable.